Jornada FAI de Primavera 2026

Cuando una Casa se abre y se convierte en relato

Hay lugares que guardan historias. Y luego hay lugares que, cuando se abren, hacen que esas historias cobren vida. 
Es lo que ocurrió en la Casa de la Divina Providencia de Bisceglie, durante los días 21 y 22 de marzo, con motivo de las Jornadas FAI de Primavera 2026. Las Jornadas FAI (Fondo Ambiente Italiano) en Bisceglie, es un evento nacional consistente en una apertura extraordinaria de sitios históricos, artísticos o naturales, permitiendo ser visitados gratuitamente por la comunidad.
Durante un fin de semana, nuestra Casa no fue solo un lugar para visitar, sino un espacio para recorrer con la mirada y con el corazón.

Una historia que sigue caminando

Cada paso por nuestros caminos, cada mirada dirigida a los espacios históricos, contaban una visión: la del Padre Pascual Uva. Una visión nacida en un tiempo en el que la fragilidad era ocultada, aislada, olvidada. Y que, sin embargo, eligió hacer lo contrario: acoger, devolver dignidad y construir posibilidades.
Aquí, donde antes se desafiaban prejuicios e incomprensiones, hoy todavía se respira esa idea revolucionaria: que cada persona tiene valor, voz y futuro. Y durante estas jornadas, esa historia no solo fue contada sino que fue compartida.

 

 

Rostros, colores, emociones
El recorrido se entrelazó con las personas. Las dos jornadas comenzaron en el Claustro-Museo Don Pascual Uva, un lugar que cautiva, una obra maestra de la arquitectura del siglo XVIII. Pero no es solo un espacio de valor estético o estilístico; es un lugar que cuenta el coraje de un hombre, de un gran sacerdote con la fuerza de una idea y el profundo deseo de cuidar al otro, particularmente los últimos entre los últimos.
En el claustro se expusieron las obras de algunos residentes del hospital.  Obras de arte que hablaban sin necesidad de explicaciones por medio de colores, trazos e intuiciones capaces de abrir una ventana a mundos interiores a menudo invisibles. No simples cuadros, sino fragmentos de vida; no solo arte, sino relación.
Y luego, al subir la escalera del siglo XIII, que conduce al piso superior nos encontramos en la parte más noble del Museo porque fue donde el Padre Uva vivió, donde se han recogido y conservado sus objetos personales y los ornamentos sagrados que le pertenecieron, de gran valor espiritual. 
La visita concluye en la Iglesia de San José, corazón espiritual de nuestra Obra, donde el recorrido encontraba su sentido más profundo.

La energía de los jóvenes, la fuerza de la comunidad

A dar voz de todo esto fueron los jóvenes. Los “Aprendices Cicerones” del FAI, procedentes del Instituto Dell’Olio-Cosmai de Bisceglie, acompañados por sus docentes, transformaron la visita en un relato vivo: preparados, apasionados, auténticos. No solo guías, sino verdaderos custodios temporales de la memoria y de la belleza.

Junto a ellos, los voluntarios del FAI, una presencia discreta pero fundamental, capaz de acoger, orientar y hacer que cada visitante se sintiera parte de la propuesta.

Es así que en esos días, se vivió un clima de comunidad, hecha de encuentros, escucha, curiosidad y emoción.

Una puerta abierta que permanece abierta

Fueron días en que recibimos a muchos visitantes, pero, sobre todo, compartimos lo que somos.

Las Jornadas FAI de Primavera fueron para nosotros mucho más que un evento: fueron una oportunidad para abrirnos, para contar quiénes somos, para construir un vínculo aún más fuerte con el territorio.

A todos aquellos que caminaron con nosotros en esos días, les damos las gracias. Porque cada mirada, cada pregunta, cada presencia dio sentido a esta experiencia.
Y porque una Casa, cuando se abre de verdad, nunca se vuelve a cerrar del todo.